Ilustración: Mirta Parra.

Primer lugar

Como la Botota

Todos lloramos cuando mataron al Dylan en la esquina de Bulnes con Orompello. Era uno de esos travestis que querían ser como la Botota, famosa y rica. A todos nos cuenteaba con que algún día lo iríamos a visitar a su casa en El Venado y saldríamos en sus botes por la Laguna Grande. Esa noche se lo pitearon unos patos malos de la Pedro del Río, le quitaron la cartera, las joyas y la chaqueta que se había comprado en el mall. El del Trébol. En su casa quedó la foto de Felipito. Hoy la arrienda un estudiante.

Alejandro Gallegos Arriagada, 27 años, Concepción

Ilustración: Mario Aravena.

Talento Infantil

Competencia de familias

Un día mis papás se separaron y, desde entonces, están en competencia. Mi mamá se compró un auto y mi papá también. La esposa de mi papá está embarazada y mi mamá también.

Javiera Bastías León, 10 años, Hualpén

Ilustración: Ángela Rabanal.

Talento Joven

La lectora

Dicen que sólo algunos tienen la suerte de verla, se comenta que jamás toma la misma micro en Concepción y que, si la encuentras dos veces un mismo día, está leyendo un libro distinto. Algunos la llaman «la ladrona de libros penquista», pero yo prefiero llamarla «la lectora». Esa tarde tuve la oportunidad de encontrarla en una «golondrina», iba a hablarle pero no me atreví. Estaba tan sumida en aquel libro que fui incapaz de interrumpirla; pareciera que para ella ya no existían pasajeros ni colón. Había logrado convertir su propio libro en realidad y a nosotros en personajes secundarios.

Dominique Valdebenito Soto, 17 años, Talcahuano

Ilustración: Catalina Bu.

Talento Mayor

El escritor

Tenía un mal presentimiento, pero al fin acepté. Nos reunimos en el salón de un hotel en Concepción, mi ciudad. Cada uno de mis excompañeros de universidad contó su historia, y descubrí que todos se habían casado, que tenían hijos y que ocupaban puestos importantes en distintas empresas del país. En mi turno confesé que, en consecuencia, era yo la oveja negra del grupo porque seguía soltero y carecía de un trabajo estable. Y rebalsé el vaso cuando revelé que sobrevivía apenas vendiendo mis propios libros, los que financiaba con humillantes aportes hechos por profesionales exitosos como ellos.

Antonio Álvarez Bürger, 69 años, Talcahuano

Ilustración: Catalina Bu.

Mención Honrosa

Elipsis

Entre la Concepción y San Pedro hay por lo menos cuatro evangelios de distancia.

Boris López Figueroa, 26 años, Hualpén

Ilustración: Ángela Rabanal.

Mención Honrosa

Color Candelaria intenso

A los catorce años, se hace cargo de las tierras de su padre. A los quince, es la criolla más hermosa del reino. A los diecisiete, desprecia, en su cara, al gobernador. Al día siguiente, un tribunal de la colonia la acusa de insurgente. A las dos semanas, prefiere un calabozo al lujoso palacio de gobierno. A los veintidós días, se fuga de los subterráneos de la fortaleza Penco. A los doscientos años, su lápida le reconoce «virtudes domésticas». Candelaria Soto Guzmán, Cementerio General de Concepción, dudosamente descansa en paz.

María Mireya Bascuñán Godoy, 43 años, Talcahuano

Ilustración: Mirta Parra.

Mención Honrosa

Multiverso 1973

Muchos años después, cuando ya no era parte del pelotón de fusilamiento del fuerte Borgoño, el excoronel creyó encontrar paz entre tanta culpa, vergüenza y pesadillas. En su habitación de pensionados y en su etapa terminal de cáncer, escuchó los dichos de un cosmólogo inglés que explicaba la teoría de los multiversos. En sus últimos momentos, comprendió que era factible la existencia de otra versión suya que jamás había entrado al Ejército y que hoy dictaba clases en una escuela de Concepción.

Oscar González Rodríguez, 33 años, Chiguayante

Ilustración: Francisco Muñoz.

Mención Honrosa

¿Mechera?

Tenía antojos de aceitunas y tallarines. La tristeza me da antojos. Mucha felicidad también me da antojos. En Prat, entre Maipú y Freire, hubo una estación de trenes, ahora hay un Líder. Ahí fui en bicicleta. La canción que escuché en los pasillos era hermosa, muy alegre. Ya en casa ordené la despensa y, aunque llevé de todo, algo faltó. Mamá llamó preguntando por el detergente que no compré. De vuelta en el supermercado, otra vez di con mi canción. En la caja pagué el detergente, pero la canción no. La escondí. No tendría cómo pagar algo como eso.

Camila Grez Etcheverry, 20 años, Chillán